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lunes, 21 de noviembre de 2011

"La gastronomía está decayendo"

A diferencia de la entrevista anterior, Matías Panizza siempre supo que quería ser cocinero. Desde que miraba a su tía y a su abuela cocinar nunca más se despegó del mundo de la gastronomía.

El joven Panadero estudió en el Instituto Argentino de Gastronomía y desde el 2004 dicta clases en la misma escuela de la mano de su gran maestro Osvaldo Gross. En el 2008 ganó el Desafío Yo quiero ser Gourmet y gracias a esa oportunidad tuvo su propio programa, Nueva Generación, en la señal gastronómica más importante de Latinoamérica. Además produjo para el ciclo ABC Panadería para el mismo canal.

Matías es simpático y amable. Bajó de su auto rápidamente y se dirigió hacia una mesa de El Piave, típico bar de Barracas. Los minutos corren rápidamente. Desde la calle, sus amigos lo saludan a través del ventanal del lugar, pero él nunca abandona la charla.


- ¿Cómo fue que decidiste anotarte en el reality de El Gourmet”?

En realidad yo trabajaba con Osvaldo (Gross) desde hacía mucho tiempo. Él sabía que yo era medio cholulo entonces me llamó y me dijo que me había anotado en ese reality. Al principio no me convencía porque era de cocina caliente y yo no me sentía muy cómodo en esa rama. Pero finalmente participé y me fue bastante bien.


- ¿Qué anécdota recordás de ese momento?

Yo jugaba a la pelota con mis amigos y me tenía que operar de la rodilla. En el concurso me hacían correr para ir a comprar las cosas porque era todo por tiempo. Y corría y me dolía y los chicos me cargaban porque no podía ir a jugar al fútbol. El día que yo gané el concurso, esto nunca lo conté, fue en un teatro y había 25 chefs. En un momento nos hicieron ir mientras los cocineros que hacían de jurado decidían quien ganaba. Después de media hora nos permitieron entrar y la escribana me miró y me hizo un gesto con la cabeza como para demostrarme que había ganado. Entonces me quedé tranquilo esperando que digan mi nombre y por suerte me eligieron a mí.


- ¿Cómo trabaja la señal de El Gourmet?

Yo siempre digo para que lo entiendas: trabajar en El Gourmet es como para una bailarina trabajar en Showmatch. Es impresionante porque cuidan todos los detalles. Te miman para que todo salga a la perfección. Siempre te hacen hincapié en la limpieza, en el orden pero por sobre todo en demostrar seguridad. El Gourmet brinda una propuesta muy buena y diferente a los canales que había antes.


- ¿Qué chef le aportó más a tu carrera?

Osvaldo Gross sin duda. Hace siete años que trabajo con él, recorro todo el país y no paro de aprender. Es increíble la pastelería que hace. Él resume la perfección.


- ¿Qué intentás transmitirles a los alumnos?

Primero ponerles los pies sobre la tierra porque tengo un montón de chicos que vienen a estudiar porque es una carrera corta. Uno trata de decirles que es una profesión difícil, que vos trabajas cuando todos festejan, que no vas a tener más días de la madre porque uno ya pasó por esa experiencia. Cuando les explicás eso y les ves las caras te das cuenta quien realmente tiene ganas de seguir. Trato de transmitirles todas mis experiencias porque amo lo que hago. De todos los trabajos que tuve es el más lindo.


- ¿Qué notás de las nuevas camadas de cocineros?

Lo que pasa es que para mí la gastronomía está decayendo. Hace 10 años había una mejor cocina más que nada por la importación. Ahora uno pide cosas de afuera como moldes y cuchillos y no llegan. Pero ahora los chicos están más preparados porque cuando yo estudiaba no había tanta variedad de información. Al que le gusta empieza a investigar y cuando le decís algo de asientan con la cabeza. Antes el que estudiaba gastronomía era para encerrarse en un restaurant. Ahora es para estar en la tele o para escribir en alguna revista.


- ¿Cuál fue la experiencia más linda que te dio ser chef?

Enseñar todos los días es algo hermoso pero también disfruto mucho cuando doy cursos para la gente discapacitada. Una de las cosas que más me gustaron hacer fue ir a Orán (Salta) con Osvaldo Gross a dar una clase. Fue maravilloso ver la humildad y la fuerza de voluntad que tenía esa gente donde se las ingeniaban para cocinar con lo poco que tenían. Su única guía de estudio era un libro de Osvaldo. Batían en baldes de cocina, los moldes eran latas, usaban sachets de leche como mangas. El agradecimiento de esas personas fue una de mis experiencias más lindas.


- Como cocinero ¿Cómo te definís?

Clásico. Ahora está la vanguardia, la espuma pero a mí eso no me va. Yo soy de una familia italiana clásica amante de hacer las cosas prolijas. Yo quiero comer. Vos ahora vas a un restaurant y te ponen seis cositas en un plato que no te llenan. A mí me gusta comer un guiso o algo chocolatoso. Quiero porciones grandes.


- ¿Qué es lo primero que mirás cuando vas a un restaurante?

La panera. Es lo primero que te ponen. Si te dan dos panes duros no tenés que esperar mucho del plato que le sigue. Para mí una buena panera con pan casero dice muchísimo.


- ¿Qué intentás demostrar con tus platos?

Como trabajo mucho con la panadería me gusta demostrar que el pan no tiene que acompañar solamente a la comida sino que puede formar parte de ella. Me gusta trabajar en un postre o en un plato principal y ponerle una masa con levadura. A ver, uno come los fideos con el pan al lado del plato y yo quiero ponerlo adentro. La gente es como no le da valor pero yo quiero lograr que sea importante.


- ¿Qué es lo máximo para un cocinero?


Para mí lo mejor desde que terminé de estudiar es enseñar. Pero muchos te van a decir que es tener su propio restaurant y cocinar su comida. Para mí lo máximo es poder compartir mis propias experiencias con mis alumnos.


- ¿Te gustaría tener tu propio restaurante?

No, es muy sacrificado porque tenés que estar pendiente de muchas cosas fuera de la cocina y yo quiero estar dentro de ella. Debería que estar en diez mil detalles a la vez y no lo disfrutaría.


- ¿Qué es lo más lindo de cocinar?

Ver como disfrutan los otros. Cuando hacés un asado con amor es hermoso ver como comen los demás. Eso es algo único.

domingo, 13 de noviembre de 2011

Facebook también deschava

La red social más visitada es multifunción. Una señora habitué de la página de fans de Silvia Barredo y Mirta Carabajal se cansó y liberó toda su bronca acumulada con las reconocidas chefs argentinas.

Pero además de hacer catarsis, esta seguidora del programa Rico y Abundante que se emite por la señal de Utilísima acusa a las conductoras de utilizar una muletilla a falta de sinónimos, un mal muy frecuente en las animadoras de los programas televisivos de gastronomía.

Pero este defecto que la señora denuncia indignada también afecta a otras caras de la televisión abocada a la cocina.

Si cambiamos de canal y hacemos una parada en El Gourmet vamos a poder ver a la joven Soledad Nardelli en el programa Sabores de mi Tierra.
Pero mientras apreciamos como la chef elabora platos típicos podemos escuchar como entre explicación y explicación repite incansablemente el monosílabo "¿Sí?" como para certificar cada paso. Algo que realmente podría molestarle a cualquier asiduo a estos contenidos.

En el mismo canal podemos apreciar las diferentes propuestas que conduce Donato De Santis para la señal que se emite para todo Latinoamérica. El italiano, fiel a su estilo, no deja de lado las raíces de su idioma y cada un segundo repite la palabra "allora" que en español se traduce como "bueno". Un conector muy recurrente y monótono que se utiliza con frecuencia en el inmenso y a la vez acotado mundo de la cocina.

Si seguimos haciendo zapping y pasamos por el distendido ciclo Cocineros Argentinos que se emite por la TV Pública veremos a Guillermo Calabrese y todo su equipo elaborando recetas fáciles que están al alcance de cualquier amante de la gastronomía. También podremos observar como el "mal de la muletilla" ataca a la chef pastelera Ximena Sáenz que al término de una frase repite incesablemente "Ahí está" como para darle énfasis a la explicación de los diferentes pasos de una receta.

Precisamente, el reconocido cocinero argentino Ariel Rodriguez Palacios reitera el mismo término durante la elaboración de un plato. La palabra encaja perfecto con su cocina ágil e informal.

Si nos retrotraemos a la década del '60 cuando Doña Petrona C. de Gandulfo hacía una revolución en la gastronomía argentina, las muletillas también se adueñaban del vocabulario de los cocineros aunque con menos intensidad. Los tiempos eran otros y no se cocinaba con la vorágine televisiva que rige en estos tiempos. Sin embargo, en su hablar pausado, los televidentes podían distinguir como este icono de la cocina pronunciaba la palabra "señora" para reforzar a qué público iban dirigidos sus trabajos.

Cuando los sinónimos escasean y los tiempos apremian, los chefs intentan salir airosos como pueden, aunque algunos seguidores se fastidien y lo hagan saber.

miércoles, 26 de octubre de 2011

Narda Lepes: La mejor chef argentina de la actualidad

Su casa es un loft moderno y confortable. Allí, entre ollas, sartenes y una cámara de televisión, Narda Lepes hamacaba a su pequeña hija Leia. La niña, inquieta como su madre, no se dormía entonces la cocinera aprovechó para darle un consejo: “Vos en tu vida podés hacer lo que quieras menos decirme que algo no te gusta sin probarlo”.

Pero la espontaneidad y el carisma de Narda trascienden las fronteras de esa situación hogareña y cálida. No hace falta tener demasiados conocimientos gastronómicos para darse cuenta de que esta cocinera marca una diferencia. Hace tiempo que Narda viene dando pruebas de que es la mejor chef argentina de la actualidad.

Por algo fue la cara durante nueve años ininterrumpidos de El gourmet, la señal culinaria más prestigiosa de Latinoamérica. Allí, en el 2001, una joven inexperta en cámaras asomaba en un espacio llamado Fusión donde compartía el programa con otros cocineros más experimentados. Ella se destacaba por juntar la cocina latinoamericana con la asiática.

En el 2010, Utilísima logró llevar a Narda a sus Arcas. Esta adquisición fue muy positiva para la señal que enalteció la pantalla con el carisma y la capacidad de esta chef. En ese nuevo escenario de su vida, la cocinera afrontó el desafío de adaptar las recetas de Doña Petrona Carrizo de Gandulfo, la más importante de la Argentina en esta materia, lejos de las imitaciones burdas y con una pizca de estilo propio. Este 2011, la cocinera continúa su labor en ese canal con su nuevo programa, Lo de Narda

A pesar de ser una fanática de los utensilios y los cacharros de cocina de colección, la cocinera argentina está al ritmo de la modernidad a la que se adapta con sus propuestas. Siempre transgrede con sus programas en los que prioriza la buena cocina que requiera poca elaboración y pueda preparase en poco tiempo. Lo demostró varias veces pero específicamente en su ciclo 180º y Recetas y Secretos de Narda. Quizás a veces pueda parecer que cocina cosas inalcanzables pero ese pensamiento se derrumba cuando cualquier persona decide poner en práctica una receta de esta cocinera.

Nadie discute que en la actualidad hay chefs argentinos de excelencia como Maru Botana, Martiniano Molina, Guillermo Calabrese y así una innumerable cantidad. Pero Narda demostró y demuestra que puede trascender las barreras de nuestro país y destacarse en distintas partes del mundo. Habla una diversidad de idiomas y exhibe una amplia cultura destacándose en países como Sudáfrica, Inglaterra, Grecia, Japón, Camboya, Marruecos, Brasil, donde tuvo la posibilidad de viajar gracias a la señal de El Gourmet.

Pero Narda no es solamente una buena cocinera. Desde el 2007 demuestra su capacidad en la escritura. Primero lo hizo con su libro Comer y pasarla bien que obtuvo el galardón Gourmand World Cookbook Award en la terna Mejor libro de cocina basado en un programa de televisión. Después publicó su última obra Guía de compras donde intenta saciar las dudas recurrentes de la gente con la que se topa la autora cuando iba de compras. Esta es una prueba más de su cocina siempre abocada a saciar las necesidades de sus televidentes. Cada domingo demuestra su potencial en el diario Clarín donde tiene su propia columna junto con la inoxidable Blanca Cotta.

Hasta un reacio a la cocina se encanta ante el carisma y la presencia de esta chef. Con el talento y espontaneidad de un grande, Narda trasciende y conquista el fascinante mundo de la cocina.

A continuación, mirá a Narda en acción

miércoles, 5 de octubre de 2011

Simple y natural

Eran tiempos difíciles. La preocupación era ineludible. Los boliches y la diversión eran cosas superficiales para su vida. Tenía su cabeza ocupada en su recuperación, su familia y la gastronomía, su gran pasión. A los 17 años, Juliana López May entraba y salía de los hospitales donde la quimioterapia resultaba la solución para curarse de una enfermedad. Pero la cocina era su principal fuente de energía y vitalidad. Durante todo el año que duró su tratamiento, ese espacio de la casa funcionó como un templo sagrado donde entre recetas y ollas pasaba gran parte de su tiempo. En esos momentos ya elegía recetas simples que requirieran poca elaboración.

Esa fue la primera prueba piloto. En realidad, Juliana transitó gran parte de su vida en la cocina.En ese lugar tan especial de su casa había mucha vida social y continua actividad. En tiempos en que todavía vivía junto a sus tres hermanos, su madre Leonor hacía tortas alemanas para vender mientras sus hijos la miraban sentados desde algún rincón. Además, siempre que se pudiera, la morocha aprovechaba para tirarse harina con su hermano Máximo, con el que comparte la profesión de chef y tuvo la oportunidad de trabajar en la señal El Gourmet.
Cuando iba a visitar a su padre probaba los asados más ricos de su vida o se deleitaba con sus pizzas o manjares de la cocina árabe.

Nunca tuvo dudas sobre pasión. Cuando finalizó el secundario en una escuela de Buenos Aires, ya sabía que quería estudiar algo relacionado con la alimentación, razón por la que se anotó en la carrera de Nutrición. Poco tiempo le llevó darse cuenta que definitivamente su lugar estaba en la cocina y desde ese momento comenzó a tomar clases de gastronomía. Fue allí donde desarrolló su estilo simple y mediterráneo optando siempre por priorizar los productos de estación.

Los obstáculos comenzaron a cruzarse también en su formación. Mientras realizaba una pasantía en un restaurante, uno de sus docentes se burló diciéndole: "¿Te llamás Juliana?¿Tu hermano se lama Brunoise entonces?". Eso sumado a otros malos tratos hicieron que sufriera gran parte de su estadía en ese lugar y muchas veces llegara a su casa con lágrimas en sus ojos, masticando bronca y amenazando con no volver a ese lugar.Pero eso no fue impedimento para continuar su preparación hasta que pudo conocer a Francis Mallmann, quien se encandiló con su simpatía y su talento y la llevó a trabajar como asistente a EE.UU, Europa y América Latina. Allí comenzó un período de aprendizaje y de viajes. “Los primeros diez años de profesión fueron los que más me llenaron. Absorbía lo que me enseñaban como si fuera una esponja. Tenía una pasión por lo que hacía que nunca se llenaba, siempre quería más y más”, contó en una entrevista para la revista Paratí.

Su vida no era nada monótona precisamente porque a ella se preocupaba porque que así no lo fuera. Con más experiencia, conocimientos y viajes encima, Juliana decidió independizarse porque no quería que su vida consistiera solamente en vivir en los restaurantes. En ese tiempo conoció a las hermanas Jessie y Jackie Leckerman, y juntas abrieron C.O.C.I.N.A, un taller de gastronomía donde además cocinan comida orgánica. "Al conocerlas empecé a darme cuenta de que la cocina de cualquier parte del mundo puede ser saludable. Se trata de elegir un pollo orgánico en vez de uno lleno de hormonas”, declaró.

Ahora, con su restaurante propio en Tigre, una huerta propia, su primer libro y un programa de nutrición en la señal El Gourmet, Juliana deleita a su marido y sus dos hijos con pastas, productos de estación, sandwiches livianos y ensaladas mientras escucha música cantada por mujeres.
La Chef que no aparece en Wikipedia ni en las tapas de las principales revistas es un icono de la cocina saludable, siempre fiel a su estilo descontracturado, simple y natural.